Arrorró mi niña

A mi nieta Luz Yaima

Arrorró mi niña,
arrorró mi sol,
arrorró trozito
de mi corazón.

Esta nieta linda
ya quiere dormir;
le hare la cuna
de rosa y jazmín.
Le hare la cama
con dulce algodon
y en la cabecera
le pongo mi amor
Para que se sienta
protegida,
y en sus sueños
se sienta muy querida
porque su abuelita
la esta velando
para que en sus sueños
se vea jugando
a saltar muy alto
llegar a la luna
y ver a su abuela
mesiendo su cuna,

Arrorró mi niña,
arrorró mi sol,
arrorró trozito,
de mi corazón.

Esta leche linda
que le traigo aquí,
es para esta niña
que se va a dormir.

Arrorró mi niña
arrorró mi sol,
arrorró pedazo,
de mi corazón.

Esta linda niña
se quiere dormir…
cierra los ojitos
y los vuelve a abrir.

Arrorró mi niña,
arrorró mi sol,
duérmete trozito
de mi corazón.

 

Texto e Imagen: Ana Luisa Betancort Barrios (C)

Anuncios

El reflejo de una parte de mis sueños rotos

Iba alegre la lechera camino del mercado. Con paso vivo, sencilla y graciosa, sostenía en sus manos un cacharro lleno de leche. Ese día se sentía realmente feliz y a medida que se iba acercando al pueblo, su dicha aumentaba. ¿Por qué? Porque la gentil lechera caminaba acompañada por sus pensamientos y con la imaginación veía muchas cosas hermosas para el futuro.

“Sí-pensaba-. Ahora llegaré al mercado y encontraré en seguida comprador para esta riquísima leche. Sin duda, han de pagármela a buen precio, que bien lo vale. “En cuanto consiga el dinero, allí mismo compraré una cesta de huevos. Lo llevaré a mi casa y de ese montón de huevos, lograré sacar, ya hacia el verano, cien pollos por lo menos.

¡Ah, que feliz me siento de pensarlo solamente! Me rodearán esos cien pollos piando y piando y no dejaré que se le acerque cernicalos, hurones o perros de caza. “Una vez que tenga mis cien pollos, volveré al mercado. Y entonces, entonces…los venderé para comprar un cochino. “Sí, un cochino, no muy grande, negro Canario de esos que dan buena carne pal puchero. ¡Ya me encargaré yo de engordarlo! Crecerá y se pondrá gordo, porque estará bien alimentado con higos picones y fruta de temporada, le dare calabaza, batatas y papas. Será un cochino enorme, con una barriga que ha de arrastrarse por el suelo. Yo lo conseguiré.”

Siguió la lechera su camino, sonriendo ante la idea de ser dueña de tan robusto animal. ¿Que haría? Lo pensó un instante. Y otra vez una sonrisa de felicidad iluminó su linda carita. “Claro está. Ya se lo que me conviene. Ese cochinito magnífico bien valdrá un buen dinero. ¡Con él me compraré unas cabras con sus baifos! ¡Ah, que gusto ver a los baifitos saltar y correr por la montaña! Con el tiempo daran leche, vendere quesos y ganare lo suficiente pa comprar una camella con su gelfa, me ayudara a cultivar la tierra y con la cosecha obtenida ampliare mis tierras, tendre mi propio cortijo y hasta podre criar vacas y ovejas.

De la alegria dio un salto y se le cayo el cacharro de la leche al suelo, corriendo calle abajo. Adios mi cortijo querido! adios a todas mis vacas, menos mal que me queda mi pobre cabra la mocha.

Texto: versión canaria del cuento por Ana Luisa Betancort Barrios

Imagen: Internet

Calendario

enero 2011
L M X J V S D
« Dic   Feb »
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31  

Estadísticas

  • 26.068 visitas

Localización de visitas