No dejes que termine el dia sin haber crecido un poco

Cuando voy sentada en el asiento de un avion, volando a una altura que no deja de producirme cierto temor a que algo falle, cuando esa tecnologia me va acercando a mi pequeña, seca, volcanica, negra, azul, amarilla y blanca islita de mis amores que me ha visto nacer, crecer, reir, llorar y medito sobre ese momento y no puedo evitar pensar que la tecnologia nos acerca a lo mas lejano y nos distancia de los mas proximos, desde esa altura siento algo en el estomago, como un charquito de lisas pequeñas que nadan juntitas guiadas por su instinto natural de vida, y que solo lo he llegado a sentir cuando me he enamorado de mis primeros amores de juventud inocente y pura.
Yo vivo en un pequeño pero muy grande pueblo lleno de sabiduria campesina, donde todavia hay gente que piensa que no llega antes el que va mas rapido sino el que sabe donde va.
Donde he aprendido que la existencia de los campesinos son la bendision de mi pueblo, donde se me hace imposible ser feliz cuando los deseos no estan en proporcion con lo que se puede lograr, donde hablar es una nesecidad y escuchar se convierte en arte. Donde el que enseña aprende que las palabras que salen del corazon, entran en el corazon, pero las que salen de la lengua no pasan de los oidos. Donde el bondadoso es libre, aunque sea un medianero de arenaos y al servicio de un terrateniente, que aunque sea el cruel y rico del pueblo es un esclavo, porque al no estar con los pies en la tierra sufre mas de problemas imaginarios, que por problemas reales, y que en su avaricia no ha entendido que se recoge lo que cada uno con sus manos siembra.
A mi pueblo todavia le queda por aprender que una gota de la sabiduria de sus gentes campesinas valen mas que una tonelada de riquezas. El progrezo de una familia se ha medido de toda la vida por las papas y granos plantados y que cuando te agachas como una reverensia religiosa en la tierra a plantar papas, todo el universo conspira para que lo consigas.
No dejes que termine el dia sin haber crecido un poco.
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Oigo el viento

Desde que naci me acompaña el viento, como un hermano inseparable
Oigo nacer y crecer a los vientos que una y otra vez pasan por mi isla
unas veces como niños, en apenas una brisa, oigo cuando empiezan a andar solos y se sueltan; otras como adolecentes en una sola direccion caminan sin que puedan volverse,
Oigo como les cambia la voz y en adultos se convierten y se van por el mundo a buscar emociones, cargadas sus mochilas de semillas y polen sembrando vida en forma del pan dulce de las alegrias y tambien el pan duro de los sufrimientos, huracanes, deltas, torbellinos que recorren los cinco continentes y los mares cometiendo todo tipo de travesuras que les permite su madre Naturaleza.
Pero sigo escuchando esas voces que con el viento caminan, la voz de Cervantes, Neruda en una cancion desesperada que se junta a todas las canciones desesperadas de mi mundo.
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Texto: Ana Luisa Betancor Barrios (C)

El que quiera lapas que se moje el culo

La ruta del marisco era sagrada, toda la familia se ponia en camino portando los laperos, el agua, papas, batatas, el pescao salao, gofio, el mojo, y los fosforos pa encender la hoguera, atravezabamos el jable siempre por el mismo camino marcado de años cumpliendo con nuestra ruta del marisco, nos acompañaban los perros y la alegria de regrezar a la orilla como cada verano, guiados por nuestros instintos de seres nomadas que conservamos los canarios de nuestros antepasados, en invierno el campo, en verano la mar, siempre cosechando para preservar la familia, esa felicidad nos hacia cantar el vamos a contar mentiras, las madres contentas porque mientras nosotros cantabamos, se nos iban las malas ideas. Y asi llegabamos al mar, era nuestra particular universidad de verano, alli aprendiamos la biologia de los seres que habitan la orilla, todos sus nombres y tecnicas para recolectar el marisco, como abrir erizos y comerlos, los peligros de las aguas vivas, que si e pican puede ser doloroso, asi que le pedias a tu hermano que orinara el la zona y eso era mano de santo. De vez en cuando aparesia un conejo de mar en los charcos y lo respetabamos porque admiramos sus colores, su forma de moverse, animal tranquilo y manso, yo creo que nos hacia efecto sedante, pero quien no nos inspiraba respeto eran las pollaburro, esos animalitos sufrian con los niños, no se si porque no tenian interes culinario, o su aspecto mas bien feote, pero el caso es que siempre acababa alguna destripada, solo para ver como sacaba un liquido lechoso, muy blanco y pegajoso. Las caracolas y abanicos de mar iban a nuestras casas que despues de comerlas nos servian para decorar las ventanas. Nos mariscabamos toda la orilla y terminamos haciendo el sancocho, comiendo la sandia y merendando piñas asadas. Regrezamos por el mismo camino todos cargados con nuestros sacos, en casa nos esperaba una semana para degustar lo que la mar nos ofresia cada verano,,,quien quiera lapas que se moje el culo,,,

Madre mía del Carmen

¡Oh, Madre mia del Carmen, patrona de los marineros guiales por el sendero, y traeles salvos a casa, porque el mar embravesido vida humana no respeta y con la fe que ponen en ti los libras de las tormentas. Asi paso, ha pocos dias, salio un barquillo a pescar con seis pobres marineros. Llegaron a la Alegranza que era el punto destinado, sin saber lo que la mar les tenia reservado. Echaron el arte al agua, y al intentarlo elevar vinieron olas furiosas queriendolos sepultar. Luchando con la tormenta y luchando contra la mar, por fin llegaron a tierra. Cuando miraron al mar solo les quedaba enfrente ver rompiendose el barquillo que era el sudor de sus frentes. Con lagrimas en los ojos tendiendo al cielo su vista_¡No nos dejes de tu manto Madre del Carmen bendita! tu eres de los mares nuestra reina no nos desampares,,,

Texto e Imagen: Ana Luisa Betancor Barrios ©

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