Mousse de gofio

MOUSSE DE GOFIO:
– 1 litro de nata líquida para montar
– 2 huevos, las yemas
– 125 gramos de leche condensada
– 1 cucharada de gofio, llena
– 100 gramos de azúcar
– 200 gramos de almendras picadas finitas.

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En un recipiente hondo, como una hondilla por ejemplo
se echa la leche condensada, las yemas de huevo y el gofio de millo o de trigo.
Se remueve hasta que la mezcla demuestre que no queda ningún grumo.
Cuando se tenga todo bien mezclado se deja en la nevera, reposando.
Mientras tanto, se monta la nata hasta que esté bastante consistente, añadiéndole el azúcar poco a poco.
A continuación se saca de la nevera la mezcla anterior y se le añade a la nata removiendo preferiblemente con la batidora eléctrica.
Cuando todo esté bien mezclado se le añade las almendras picadas y se mueve un poco más con la batidora, para conseguir de que las almendras queden bien repartidas.
Ya solo nos queda meterlo en el congelador y dejarlo reposar durante 2 horas aproximadamente.
Servir muy frío y espolvorear almendras picaditas por encima.

Valor nutritivo:
Su valor calórico, aunque varía en función de los ingredientes base, ronda las 340 calorías por 100 gramos.
De sus propiedades nutritivas destaca su aporte de hidratos de carbono complejos (en torno al 65%), proteínas (cantidad mayor si se emplean legumbres), vitaminas (grupo B; B1, B2 y B3), minerales (magnesio, hierro, calcio y sodio, entre otros) y fibra.

Receta e Imagen: Ana Luisa Betancor Barrios (C).

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El reflejo de una parte de mis sueños rotos

Iba alegre la lechera camino del mercado. Con paso vivo, sencilla y graciosa, sostenía en sus manos un cacharro lleno de leche. Ese día se sentía realmente feliz y a medida que se iba acercando al pueblo, su dicha aumentaba. ¿Por qué? Porque la gentil lechera caminaba acompañada por sus pensamientos y con la imaginación veía muchas cosas hermosas para el futuro.

“Sí-pensaba-. Ahora llegaré al mercado y encontraré en seguida comprador para esta riquísima leche. Sin duda, han de pagármela a buen precio, que bien lo vale. “En cuanto consiga el dinero, allí mismo compraré una cesta de huevos. Lo llevaré a mi casa y de ese montón de huevos, lograré sacar, ya hacia el verano, cien pollos por lo menos.

¡Ah, que feliz me siento de pensarlo solamente! Me rodearán esos cien pollos piando y piando y no dejaré que se le acerque cernicalos, hurones o perros de caza. “Una vez que tenga mis cien pollos, volveré al mercado. Y entonces, entonces…los venderé para comprar un cochino. “Sí, un cochino, no muy grande, negro Canario de esos que dan buena carne pal puchero. ¡Ya me encargaré yo de engordarlo! Crecerá y se pondrá gordo, porque estará bien alimentado con higos picones y fruta de temporada, le dare calabaza, batatas y papas. Será un cochino enorme, con una barriga que ha de arrastrarse por el suelo. Yo lo conseguiré.”

Siguió la lechera su camino, sonriendo ante la idea de ser dueña de tan robusto animal. ¿Que haría? Lo pensó un instante. Y otra vez una sonrisa de felicidad iluminó su linda carita. “Claro está. Ya se lo que me conviene. Ese cochinito magnífico bien valdrá un buen dinero. ¡Con él me compraré unas cabras con sus baifos! ¡Ah, que gusto ver a los baifitos saltar y correr por la montaña! Con el tiempo daran leche, vendere quesos y ganare lo suficiente pa comprar una camella con su gelfa, me ayudara a cultivar la tierra y con la cosecha obtenida ampliare mis tierras, tendre mi propio cortijo y hasta podre criar vacas y ovejas.

De la alegria dio un salto y se le cayo el cacharro de la leche al suelo, corriendo calle abajo. Adios mi cortijo querido! adios a todas mis vacas, menos mal que me queda mi pobre cabra la mocha.

Texto: versión canaria del cuento por Ana Luisa Betancort Barrios

Imagen: Internet

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